Ecos de un Tambor, homenaje a Carlos Caro Melo “Carlín”

Por: Carlos Manuel Pomares

El ambiente del carnaval se impregna con ritmos caribeños que invitan al deleite musical, al desorden espiritual y a la contorsión rítmica del cuerpo, bailando los sones más típicos de esta fiesta ancestral, donde se destaca la bulla acompasada de su majestad “El Tambor” que repica para alborotar la alegría que nos incita a danzar.

“Ahora les voy a recordar como lo hacía el Rey del Tambor con su rumba pegajosa en nuestra tierra salitrosa”.

El sonido de un tambor macho repiqueteaba, alegremente se bailaba en esos días de febrero, la magia de unas manos prodigiosas adornaban los ritmos versátiles de un excelente tamborero.

El cuero de su tambor bajo sus callos rugía, con golpes acompasados comenzaba su concierto, las parejas se movían para seguir su melodía que por cierto despertaba hasta el espíritu de un muerto.

Sus percusiones cumbiamberas de ritmo afrocaribe se metían en los cuerpos, inspirando movimientos de un baile pegajoso que el pueblo aún añora, por todo el folclor que brindaba su talento.

Al representar esta región recibió sus galardones, grupos folclóricos admiraron su destreza en la ejecutoria cuando tocaba Cumbia, Mapalé, Currulao, y complejos sones, son hechos que motivan a resaltar su memoria.

Un pesado tambor de cuñas se colgaba en su cuello, las calles recorría tocando y con ronca voz cantando, con su ritmo libertino el tamborero se embriagaba, la ronda alegre se formaba y terminaban todos celebrando.

Hoy su instrumento no percute ese “trucutá” muy claro, sus sones se apagaron, la maestría llegó a su fin, porque ahora no escuchamos al inolvidable Carlos Caro “Carlín”, pero su alma nos envía, los ecos del tambor que en su vida tanto amó.

Que suenen los tambores con el temblor de sus cueros y repiquen los timbales en honor a Carlos Caro Melo en estos carnavales.

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